Una experiencia romántica no romántica.


Confieso ser romántica de hueso colorado, de esas Mexicanas que sueñan con algún día escuchar el sonido de guitarras a mitad de la noche, salir al balcón y mirar a su enamorado con flores en mano.Nos gusta ser conquistadas de mil formas pero hoy en día mantener el romance es un tanto complicado, si no es que algunas veces olvidado y terminamos asistiendo al parque a conversar, al cine para los besos discretos y si bien hay miles de opciones terminamos recurriendo a las más comunes.

Pero no este día, este día mi novio me ha comentado que tenía una reserva en un Spa para dos no es una serenata a luz de la luna pero no está nada lejos de ser una experiencia igual de inolvidable.

Confieso estar un tanto nerviosa, vamos, estar en un traje de baño desechable en una camilla separada a la de tu novio donde dos extraños nos van a toquetear… pensándolo bien suena un tanto raro, uno relaciona Spa con relajación pero a algunas mujeres como yo, les gusta ponerse de nervios por todo, después de todo es una cita.

Estaba nerviosa así que traté de que llegáramos lo más puntual posible, los nervios fueron disminuyendo gracias al buen recibimiento.

Pasamos al baño a cambiarnos y entre risas escondidas nos colocamos el traje desechable lo cual provocó más risas no tan escondidas, nos deseamos suerte y con un besito de trompita salimos a recibir una nueva experiencia.

Nos recostamos con indicaciones de las masajistas y listo, cerré los ojos y comenzó la relajación.

Que comiencen a tocar tu espalda con aceite de almendras siempre va a ser un buen comienzo, no sé cuanto tiempo fue pero el masaje se extendió de la espalda a los brazos, de brazos a hombros, manos, cuello y es que uno pierde el sentido del tiempo cuando recibe apapachos con luz tenue y música relajante, hasta que la masajista con voz suave me comentó “Comenzaré con las piedras volcánicas si están muy calientes me indicas” jamás habían puesto en mi piedras calientes, no sabía que esperar así que respondí con un “Claro” lo más firme que mi cuerpo me permitió.

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Al sentir la primera piedra fue una sensación nueva como si me frotaran con algo suave que emite calor, mientras iba pasando la piedra sentía como el calor se filtraba en capas interiores de mis músculos, ¡Si ahí, oh ahí también, ahí más! pensaba, llegó un punto que me olvidé de todo, era yo y mi cuerpo relajándose, la sesión continúo, dejó las piedras tibias en la espalda mientras masajeo mi cabeza y mi rostro, continúo con mis pies y piernas, retiró las piedras, me colocó una mascarilla facial y untó mi cuerpo con vino y chocolate, hasta este punto mi cuerpo y mi mente era una masa gigante y suave después de este tiempo y una vez retirada la mascarilla me comentó la masajista:

-“El chocolate con vino te lo retiras hasta el día de mañana, ¿Deseas una copa de vino frutal?”

-¡Si, muchas gracias!

Con los ojos medio cerrados miré a mi novio que acaba de sentir lo mismo que yo había sentido, su cara debía lucir igual que la mía, como si hubiéramos dormido por horas, arrastramos los cuerpos al baño para vestirnos y salir.

Salimos como cualquier par de enamorados hubieran salido, con el cabello desecho, sin una gota de estrés, tomados de la mano diciendo ¡Amor, lo tenemos que repetir!

Supongo serán menos salidas al cine y más escapadas relajantes, después de todo siempre hay Spas con experiencias diferentes.

Marlene Utrilla

Esa, la romántica de hueso colorado.

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